viernes, 3 de diciembre de 2021

El príncipe Terry

En la casa de mis suegros siempre hubo y hay muchos perros. Tengo la suerte de haber conocido a varios. Algunos hoy ya no están, como la Negra, la Reina y el Adolfo. Todos los que viven ahí ahora mismo son divinos, y hay uno en particular que siempre será mi perro (macho) favorito del mundo. Este es un post dedicado a él, mi Terry precioso, que hace unos días decidió partir al otro lado del arcoíris. 

Rescatado de la calle cuando era apenas un cachorrito, me acuerdo que era rechiquito de tamaño, no tenía pinta de ser muy grande. Pero era cruza con ovejero alemán, así que terminó siendo bastante grandecito. De esos perros que son tan buenos que no lo podés creer. Cuando era cachorro era tremendo, de ahí su nombre, ya que mi suegra decía que era «terrible». Yo lo conocí cuando tenía apenas unos meses, recién llegado a su nuevo hogar.

No sé por qué pero enseguida se convirtió en uno de mis favoritos, y siempre ansiaba llegar a lo de mi suegra para ver la fiesta que me hacía y la alegría con la que me recibía.

Con el tiempo creció, maduró y se convirtió en uno de los perros más buenos que conocí en la vida. Tranquilo, se acercaba a pedir mimos, te ponía la cabeza para que le rasques el hocico y las orejas. No era besuquero pero algún que otro besito suyo ligué. Besitos livianitos, dulces y cortitos. Amoroso como pocos, de verdad. 

El tiempo trajo consigo los achaques propios de la vejez y empezaron a aparecerle algunas enfermedades que no le dieron tregua, y se lo terminaron llevaron bastante rápido, a pesar de los esfuerzos de mis suegros y los veterinarios. Pero fue un perro amado, querido, cuidado. Compañero, leal, hermoso. 13 años puede parecer poco, y lo es, pero siempre estuvieron llenos de amor.


Hasta hace unos años siempre dormía así, despatarrado



Te voy a extrañar un montón, Terrible de mi corazón. Gracias por dejarme conocerte y amarte. Si existe algún lugar a donde van los perros cuando ya no forman parte de este plano, espero que te reencuentres con el Adolfo, la Reina y la Negra. Lo único que voy a lamentar para siempre es que no llegué a despedirme, pero lo voy a llevar siempre conmigo.

2 comentarios:

  1. Esa es la mejor actitud que se puede tomar ante una pérdida, recordar las alegrías compartidas. Que suerte que tu perra esta sanando, añado.
    Es bueno ver que todavía hay un poco de luz en la Blogosfera (?)

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    1. ¡Mr Popo! ¡Cuánto tiempo! Gracias, yo también estoy contenta, fue un año difícil para ella y para nosotros.

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